Jueves, 27 Junio 2019

La naturaleza: la mejor inversión

 

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Tuvimos la suerte de estar este año, en los parques administrados por Tompkins Conservation, justo antes de su transferencia a Conaf. Hoy, con el traspaso de 407 mil hectáreas al Estado de Chile, son la mayor donación de tierras privadas de la historia.

Comenzar la Carretera Austral en el Parque Pumalín fue una bofetada. Una bofetada de belleza que te golpea en cada piedra de los senderos y también, una bofetada bien fuerte por todo lo que en algún momento dudaste sobre los Tompkins. Cada aspecto de este proyecto, te remece: La recuperación de fauna y vegetación nativa, las rutas escénicas, bien pensadas y las instalaciones en general, te dan el golpe final de súbita emoción, pero con un trago final de culpa.

En 2003, Douglas y Kristen Tompkins compraron medio millón de hectáreas en la Patagonia chilena. ¿Cómo era posible que un par de empresarios millonarios, comprara ese terreno en la Patagonia, solo para donarlo al Estado como áreas protegidas? Algo no calzaba, sin embargo el espíritu y motivación de los Tompkins fue derrumbando todos y cada uno de los mitos, incluso aquel que no veía relación entre naturaleza y economía: Conforme avanza la Ruta de los Parques de la Patagonia, la industria turística crece en torno a este sueño. Este proyecto contemplará un recorrido de 2.800 kilómetros y 17 parques nacionales (11,5 millones de hectáreas protegidas) y según la visión de Tompkins, será uno de los principales destinos mundiales para observar la naturaleza en su estado más prístino.

Chile suma 18,6 millones de hectáreas protegidas, considerando parques nacionales, reservas y monumentos naturales. No obstante, según indica Eugenio Rengifo, Director Ejecutivo de Amigos de los Parques: “La superficie protegida nos ha posicionado a la delantera en términos de conservación, pero no así en términos de gestión y financiamiento. Como país no hemos estado a la altura del tesoro que cuidamos considerando que actualmente el presupuesto del Estado al sistema nacional de áreas silvestres protegidas es menor a 2 dólares por hectárea, una de las tasas más bajas de inversión a nivel mundial”.

En este contexto, un tiempo después de la entrega a Conaf, el Gobierno de Chile anunció el acuerdo con Tompkins Conservation y The Pew Charitable Trusts para crear un fondo para mantener la Ruta de los Parques. El círculo parece cerrarse, sin embargo, se abren otros y en esta contingencia, sumada a la relevancia que ha captado en el mundo el cambio climático, decir que la mejor inversión es la naturaleza, no es una idea descabellada, si no, realista, para la propia subsistencia.

Ahora bien, hablamos del sur de nuestro país, ¿qué pasa con el otro extremo? El norte grande, con 4 parques y 4 reservas nacionales, aporta el desierto y el altiplano. Respecto a ello, no se puede estar más de acuerdo con Rengifo, quien enfatiza la importancia de la articulación intersectorial en la zona norte y centro de nuestro país: “Requerimos nuevas áreas que representen la diversidad del patrimonio natural. A falta de terrenos públicos, aquí la sociedad civil, la academia y los privados pueden hacer un gran aporte y la construcción de alianzas en este sentido hace más fuerte la conservación”. Ya se ha dicho, pero es clave insistir: Los parques aportan al desarrollo económico, pues generan oportunidades de hacer turismo de intereses especiales. Y más aún, son verdaderas “aulas abiertas” para estudiar la biodiversidad.

En este mismo sentido, en la lógica del trabajo aunado entre los distintos sectores, Juan Ignacio Boudon, director regional de la Conaf - Tarapacá piensa que “la idea, es avanzar en un trabajo donde la responsabilidad ambiental de las empresas también se pueda concretar en mejorar la protección de nuestros ecosistemas, como lo acontecido en el sur, con la Red de Parques de la Patagonia (…) Además, hoy tenemos convenios que nos permiten desarrollar, por ejemplo, obras de mejoramiento de infraestructura”.

La invitación es a pensar en grande - y también en lo cotidiano - sobre cómo aportamos a conservar la naturaleza de nuestra región y país y a la vez, cómo podemos orientarlo al desarrollo. El equilibrio parece circense, mas no imposible. En lo grande; empresas aportando directamente en la conservación de nuestros paisajes y la vida en ellos. Y en lo cotidiano; visitando y visibilizando los parques y reservas nacionales, llevándonos la basura de ahí, alterando lo menos posible el ecosistema.

Para cerrar, las cifras son duras: El último informe de la Plataforma Intergubernamental de Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos, IPBES, fue realizado por 145 expertos de 50 países durante tres años y reveló que un millón de especies se encuentran amenazadas debido al impacto del ser humano en el planeta. La naturaleza, no es solo la mejor inversión, es la más imprescindible.